Sin Dios y, ahora, sin el hombre

Jose Eugenio Azpiroz, Ex Diputado y socio de “Familia y Dignidad Humana”

No creo que precise mucho tiempo y espacio el subrayar el progresivo alejamiento de los hombres de Dios aunque, ciertamente, alguna reflexión debemos realizar para no olvidar que especialmente a partir del racionalismo -con la consecuente exaltación del mundo de lo ideal- se produjo un progresivo abandono de lo natural, de la naturaleza, de lo existente, de lo real. En esta contraposición entre “naturaleza-realidad” con “el pensamiento-lo ideal” derivado este último de una concepción “pienso luego soy/pienso luego existo”, cogito ergo sum, se prioriza lo ideal sobre la real y acaba minusvalorándose lo natural, lo creado, y, en consecuencia, al propio Creador de lo existente.

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Sobre la dignidad humana

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Gari Durán, Ex Senadora, Portavoz de “Familia y Dignidad Humana”, y miembro del Consejo Editorial de EL MUNDO de Baleares.

Fin de semana en Osaka. Reunión del G-20. Presentes, los pesos pesados de la economía global y los que posiblemente lo sean –o a eso aspiran– en un futuro cercano. El 85% de las riquezas de todo el planeta. Los países en los que viven las dos terceras partes de la población mundial.

Según sus defensores, un espacio único en el que reunir a grandes potencias y países emergentes y promover la cooperación y el desarrollo, además de generar un foro de discusión sobre la economía mundial.

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La agenda: ahora la eutanasia

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Gari Durán, Ex Senadora, Portavoz de “Familia y Dignidad Humana”, y miembro del Consejo Editorial de EL MUNDO de Baleares.

En Bogotá el agua cae de los cerros como lluvia recia y los adoquines del barrio de la Candelaria –colores vibrantes, miradores y patios– parecen espejos cuando de pronto la lluvia cesa y el sol vuelve a brillar, de nuevo, inclemente.

Leo la prensa a deshora y veo que la eutanasia ha entrado con fuerza en campaña siquiera unos días. Un suicidio asistido al que se le pone voz y rostro y de pronto no cabe más argumento que aceptar que eso es lo que hay y que frente al sentimiento expresado ante una cámara, no hay argumento que valga.

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